La monotonía que tanto le gusta a Porfiria se apodera de la vida de Santiago Ovando, escuela, trabajo, fines de semana que Don Raúl visita, el encargado vaciando ollas de frijoles, en fin, que nada fuera de lo común sucede, solo que algo que se está volviendo constante no le gusta a Porfiria, ella despierta por las noches cuando el pequeño Gumersindo se mueve en su cama con contracciones involuntarias acompañadas de un pequeño quejido, el niño revive de manera constante en sueños el disparo en su espalda y cuando en las mañanas Porfiria le pregunta, el no lo recuerda, sin embargo, los rasgos de su cara van tomando dureza, los ojos ganan unas ligeras ojeras y aunque su comportamiento no cambió, a Porfiria le preocupa que cualquier día ese niño explote pues para ella lo que ve en su rostro es en sus palabras "un cuete de malda' que se va haciendo grande, grande y un día va a reventar." Habla con el encargado de esto en una de esas comilonas disfrazadas de visitas del padre del niño.
- Fíjese asté que el chamaco no me gusta su cara que va ganando oiga! Él era sonriente, traiba de comer la presa que cazaba con gusto, sueña feo, habla menos, a su hermana casi no hace caso, hasta el perro ya no le hace fiestas, a veces lo vido que está mirando el llano y como que quere ir pero no se atreve!... No sé que tenga pero si es odio que guarda, Dios ampare el que esté enfrente cuando lo saque porque vea asté su cara que tiene! ... No lo quiero ver cómo hace maldades a alguien oiga asté!
El hombre que no había interrumpido un solo bocado mientras la escuchaba, masticaba el último pedazo de tortilla que había limpiado el plato y bebía de una sola vez medio jarro de pulque, limpiaba con su lengua sus dientes y hacia un chasquido, parecía no haber oído nada hasta que habló:
-Mire asté! Yo creo que el chamaco tiene el susto en el tuétano de los huesos, lo voy a llevar que lo limpien con una mujer güena pa' esos remedios a un pueblo que está algo lejos, mañana que no vaiga a la escuela... Y me llevó su hermana también para que le den una limpiada de una vez! Asté no porque está muy lejos y ni modo que vaiga caminando! Me los pone listos que paso por ellos temprano amaneciendo, porque si está lejos!
-Ta' güeno, yo los levanto y se los tengo ya desayunaos!
-No!... Mejor me espera y aquí hechamos taco para que vaigamos comidos todos!... Digo!
-Ta' bien! Aquí lo esperanos pa' desayunar.
-Orita paso a Nopalucan pa' comprar unos panes pa' temprano...
Al otro día el sol asomaba y de la cocina la humadera anunciaba con el olor a leña quemada que las tortillas llenaban el cesto de ixtle para el desayuno cuando el hombre llegó con tres panes largos envueltos con papel de estrasa y hojas de naranjo, el favorito de los niños, atole, un chile rojo muy picante con carne de palomas y frijoles comieron cuando los pequeños empezaron a cortar trozos grandes de pan para acompañar su atole, Porfiria al ver que era mucho lo que comían llamaba su atención!
-Chamacos! ... Dejen algo pa'l señor! ... Ya casi se acaban dos panes!
El encargado con cara tranquila y sin inmutarse contesta:
-No se fije señora! ... Que se lo coman, no tengo hambre hoy!
Porfiria contraía el rostro aguantando la risa, no tenía hambre?? Ya iba terminando el segundo plato de guisado! Pero los niños al oir eso, calcularon el pedazo que podía comer Porfiria y el resto del pan desapareció en chopeos dentro de los jarros de atole, Todos satisfechos se levantaron de la mesa y El encargado y niños subieron a la camioneta de tres toneladas y se fueron dejando a una Porfiria preocupada porque el remedio funcionara! Limpió cocina, cuarto, dió de comer a guajolotes, perro y un cerdo que recién compró, fue hasta la esquina donde en el muro tenía sus santos colgados en la pared y rezó con las manos unidas con toda su fuerza y fé, pidiendo a los que nunca le habían fallado ayudaran al pequeño a superar su malestar.
En la camioneta rumbo a Atlixco, los niños emocionados veian por la ventana paisajes largos de cultivos sin fin, arboladas y bosques, barrancas llenas de árboles, cuando pasaron a un lado del cerro del Pinal quedaron admirados pensando que así era como se veían las montañas de cerca!.
-Cuando quieran hacer del cuerpo me avisan para que me pare y van! Porque me huele que se hecharon un pedo y no quiero se aguanten!
La niña alzó la mano pidiendo parar para ir al baño! El hombre se paró y la niña bajó, mientras iba a unos arbustos habló con el niño.
-Nuncamente hay que quedarse con nada chamaco! A poco si no le digo nada nos iba zorrillar todo el camino? Onde pensaba ir hacer del cuerpo tu hermana?... Pónganse chingones!... Enseñense a cuidarse entre astedes y solos! Hablen, pidan!
-Yo orita que pasamos el cerro me regresé el estómago poquito pero me lo comí otra vez!
-Eso está bien! Así no me gomitaste la camioneta y aluego iba a oler feo todo el camino y está lejos onde vanos!
El hombre acarició el pelo del niño mientras su hermana regresaba y subía a la camioneta, unos dos kilómetros más adelante, el niño pidió parar para ir al baño y el hombre pensaba en lo largo que iba a ser el camino!
Porfiria en la hacienda mientras, visitaba a una vecina para platicarle las nuevas, ahí la vecina le hizo saber que su marido le había platicado que el encargado había sido visitado por el ejército y le obligaron a pagar las curaciones del tuzero que habían encontrado mal herido en el llano, el hombre había dicho que lo había atacado a traición, cuando se investigó a fondo y se supo la verdad, el mismo sargento sacó al tuzero a media convalecencia del consultorio del doctor donde ya casi se había recuperado y Gumersindo había pagado y lo arrojó a la calle por haberlos engañado, el sargento ofreció disculpas al encargado diciendo que el tenía hijos también y hubiera hecho eso y más a quien le tocara un cabello a su hijo! Porfiria asombrada escuchaba.
En la camioneta el hombre rompía el silencio largo, haciendo preguntas a cada niño que al principio por no tener suficiente confianza con el contestaban con monosílabos pero que conforme avanzaban, estos se daban ánimos de platicar más y más con lujos de detalles. El encargado preguntaba cosas tratando de indagar como Porfiria los cuidaba y si los maltrataba pero las pláticas que oía de maltrato y malos ratos solo eran de su madre, de Porfiria no hubo un solo mal comentario! Horas de camino y los niños con la sensación de tener piedras en lugar de asentaderas bajaron en una casucha de adobe en un pueblo pintoresco con mucho calor húmedo, Gumersindo no había visto tantas casas habitadas antes! Entraron a un patio donde se sentaron en unos troncos que hacían de sala de espera debajo de un árbol, después de un rato pasó la niña a un cuarto que por puerta tenía una cortina de tela y su hermano podía verla en la abertura entre tela y pared como estaba parada con los brazos abiertos y una anciana pasaba un manojo de hierba por su cuerpo mientras humo de incienso invadía la habitación, tocó su turno y nervioso entró, la mujer le habló con ternura y paz, le pidió cerrara los ojos y abriera sus brazos mientras ella pasaba hierbas por su cuerpo, untaba loción en su cabeza mientras hacía oraciones casi inaudubles para terminar con la limpieza con un huevo rojo. Cuando terminó dijo al niño abriera los ojos, pidió al encargado pasara al cuarto y viera como ponía el contenido de cada huevo usado en los niños cuando los ponía en un vaso con poca agua, el niño veía con asombro como al quebrarlos aparecían en el vaso horribles formas y no podía dejar de pensar que si eso había salido de su cuerpo de alguna forma! Escuchó decir a la mujer:
-Este chamaco es muy juerte! Teñia algo que lo quería lastimar pero no lo dejó entrar en su alma! Tiene juerte el espíritu! Ya le quité la quejumbre! No sé priocupe asté! ...
La mujer vió al niño y pidió se saliera, el fue con su hermana y platicaron de sus experiencias, salió el encargado y juntos se fueron en la camioneta, los llevó hasta el centro del pueblo donde comieron en una tienda que servía también de fonda, en el parque el encargado les compró un merengue a cada uno con un vendedor ambulante, los niños que nunca habían probado algo similar lo devoraron, el encargado al verles la carita al alejarse al vendedor no tuvo más remedio que llamarlo otra vez y comprar varias piezas de los ricos dulces, en una bolsa de papel llevaba unos cuantos para Porfiria y se dirigieron a casa. El camino de regreso fue totalmente diferente, los niños no dejaban de hablar y el hombre ya ni ponía atención a lo que decían, solo asentía o negaba con la cabeza, varias paradas al baño hasta que por fin llegaron con Porfiria llegada la tarde, ella de inmediato puso a calentar comida y tortillas, comieron los niños poco y se fueron de la cocina, el encargado se quedó con ella a platicar y recordó la bolsa de papel, fue por ella a la camioneta pero al llegar a la cocina y dársela a Porfiria ella sacó solo un merengue! No había más! El encargado no hizo más que reír por la travesura exclamando:
-Chingaos chamacos! Siquiera uno le dejaron pues!
-Pos ya que! Son chamacos! ... Oiga asté! Y que le dijeron? Se va a poner güeno el chamaco?
-Si, el chamaco ta' güeno! No tiene nada! La que tiene asegún es la ñiña! Me dice la curandera haganos unos remedios y la lleve en una semana! Mañana le traigo asté lo que me dijo la mujer y hay que humearla en las tardes y limpiarla con huevo de gallina negra hasta que el huevo en agua salga clarito, porque allá con ella le salió con algo negro en la yema y eso no es güeno! ... Pero mañana le traigo todo! Ya me voy a descansar! ... Hasta mañana ton's!
-Hasta mañana y gracias por todo!
El hombre se fué y Porfiria se quedó con un sentimiento de culpa pensando que por lo sucedido había cuidado de más al niño y descuidado a la pequeña, tenía que ser mucho más cuidadosa.
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