El pequeño Gumersindo cambió de actitud después de hablar con el encargado y este le hiciera saber que era su padre! Era más serio y salía a los campos y cerros pero regresaba sin presas, a Porfiria no le preocupaba, tenía dinero para comprar de vez en cuando carne o mataba un guajolote y había carne para tres días, La niña siempre estaba tratando de aprender la lección, le gustaba la escuela pero se le dificultaba aprender.
El encargado seguía visitando la casa de Porfiria y ella lo ponía al tanto de sus actividades.
El perro tiene tres días tosiendo y Porfiria se preocupa, es perro de don Raúl pero su responsabilidad el cuidarlo mientras el ni esté, hace saber de esto al encargado quien trata sin éxito capturar a la mascota, espera a que llegue el niño de la vagancia del día y le pide ayuda:
-CHAMACO! Ven a ayudarme! Agarra el perro que contigo se deja!
Cuando Gumersindo lo acarició y lo tenía acostado el hombre lo tomó del hocico y lo abrió forzando al animal que se sacudió y escapó.
-Ya le vide! Tiene un hueso atravesao en l'hocico cerca de la garganta, si no se lo quitamos se va a morir porque ya está poniéndose feo.
Porfiria preocupada lo llamaba para que se lo pudieran quitar pero el perro desconfiado ya no se acercaba. Padre e hijo lo correteaban y acorraban en algún lugar pero astuto se escapaba cada vez, así siguieron más de una hora hasta que ya cansado el perro (todos más bien) se recostó resignado a que lo agarraran. Cuando el encargado lo sometió se montó sobre el y agarró el hocico, lo abrió y le pidió a Gumersindo que se asomara y viera el hueso en cuestión, el niño vió en la parte superior interna una masa morada de carne lastimada y un hueso incrustado ahí, le dijo el encargado que metiera los dedos y quitara el hueso mientras forcejeaba con el desesperado perrito! Gumersindo no podía retirar el hueso, estaba muy atorado, el encargado le dijo que fuera corriendo a su camioneta y atrás del asiento del lado del conductor iba a encontrar un costal con herramientas, buscara unas pinzas y con esas lo intentara, Gumersindo no sabía que eran unas pinzas, cuando vio el costal lo llevó completo y sacaba herramientas hasta que el hombre ocupado con el perro le explicó cuáles eran las pinzas y como se utilizaban, Gumersindo pudo entonces retirar el pedazo de hueso del paladar del can, al quitarlo un olor fétido salió con el, ya tenía mucho tiempo ahí ese hueso y estaba pudriendo el lugar donde estaba incrustado!
-Pa' mi que el perro se muere! Ya huele feo su hocico!- Decía un encargado que soltaba al perro mientras se levantaba.
-Como se puede curar?- Preguntó Gumersindo.
Mañana veo al doctor de animales pero ese sabe de chivos, borregos, vacas... No sé si sepa de perros!
-Pos ... A lo mejor y si sabe! Traigalo asté!
-Ta' bueno chamaco! Mañana lo traigo! De mientras lleva la herramienta a la camioneta onde la encontraste!
Cuando Gumersindo dejaba la herramienta, notó un paliacate enredado de manera extraña, pesaba, lo desenvolvió y encontró una pistola escuadra calibre 38 color negro, impresionado la sopesa en su mano ...
-QUE HACES! DEJA ESO!- gritó el encargado detrás de él.
-Esas cosas se disparan solas a veces y vaigas lastimar alguien!
El niño espantado enreda otra vez y deja en su sitio. Se aleja mientras el encargado la retira de ahí y la pone en su espalda después de revisar el cargador.
Fue el encargado a comer con todos y el perro dormía fuera de la cocina ya muy tranquilo y sin toser, despues de comer ya se iba cuando llamó al niño afuera de la cocina.
-Ven chamaco! Te gustó el arma?
El pequeño contestaba positivamente con la cabeza.
-Cuando crezcas un poco más te voy a dar una! Pero antes debes ser muy enteligente! Porque no es pa' andar de presumido ni nada de eso! Es pa' protegerte a ti y la casa si hace falta! Y pa' divertirse tirando a los pájaros o las ramas de los árboles también pero fijabdote pa' no lastimar a naiden... tons? Luego nos vemos!
Al dar un paso el hombre que tenía una bala en su mano se la da a su hijo y este la recibe emocionado al verla!
-Si cuidas esta bala será la primera que tires y yo te voy a enseñar a usar el arma! Ta' güeno?
-Si, gracias! La voy a cuidar mucho!
-Orale pues!
El encargado se fue y la actitud del pequeño Gumersindo volvió a la normalidad.

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